En el semidesierto de Doctor Mora, una de las tradiciones más profundas y representativas de la región florece —literalmente— desde el corazón del maguey.
Se trata del quiote, el tallo que emerge cuando la planta alcanza su madurez y que, más allá de su valor natural, se transforma en un símbolo de identidad, historia y aprovechamiento ancestral.
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El maguey, conocido por nuestros antepasados como metl o mexcametl, ha sido durante siglos una fuente invaluable de recursos. De él se obtienen fibras, savia, flores y bebidas emblemáticas como el pulque y el mezcal. Sin embargo, el quiote, que brota tras un proceso de entre 7 y 15 años, representa una de las expresiones más singulares de esta planta: un regalo que aparece solo una vez en su ciclo de vida, marcando también el inicio de su final.

Este tallo, que puede alcanzar hasta 10 metros de altura, ha sido aprovechado históricamente por las comunidades locales. En Doctor Mora, su uso va desde la construcción de cercas y estructuras rústicas hasta su transformación en leña. No obstante, uno de sus usos más valorados es gastronómico, al convertirse en un dulce tradicional que evoca los sabores del México antiguo.
La preparación del quiote requiere paciencia y conocimiento. Tras cortar el tallo, se limpia y se cocina en hornos de tierra, envuelto en hojas de maguey y expuesto al calor de brasas de carbón y ocote. El resultado es un dulce de sabor único, similar a la caña de azúcar, que concentra el legado culinario de generaciones.
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Además del quiote, las flores del maguey —conocidas como gualumbos— también forman parte de la cocina tradicional, utilizadas en diversos platillos gracias a su sabor distintivo. Este aprovechamiento integral refleja una relación respetuosa entre el ser humano y la naturaleza, donde cada elemento tiene un propósito.
Hoy en día, el quiote sigue siendo parte esencial del paisaje y la vida cotidiana de Doctor Mora. Su presencia no solo recuerda la riqueza de los recursos naturales de la región, sino también la importancia de preservar las tradiciones que han dado forma a su identidad. En cada trozo de este dulce ancestral se encuentra una historia de paciencia, sabiduría y orgullo comunitario.













