La historia de la Independencia de México también se escribió con la valentía de las mujeres. En Pénjamo cientos de ellas participaron en la resistencia insurgente y enfrentaron la represión de las fuerzas realistas, dejando un legado de dignidad y coraje que forma parte de la memoria histórica del estado y durante el Grito de Independencia dirigido por la gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo, las recordó.
El 29 de noviembre de 1814, el comandante realista de Guanajuato, Agustín de Iturbide, continuaba la persecución de las fuerzas insurgentes en el Bajío. Ante el papel que desempeñaban las mujeres como apoyo de los rebeldes, ordenó detener a mujeres que se encontraran sin sus esposos, así como a menores que estuvieran sin sus padres.
Lee también: Museo Casa Diego Rivera celebra 51 años de preservar el legado del muralista
En Pénjamo, cerca de 300 mujeres fueron apresadas en sus hogares, algunas acompañadas por sus hijos pequeños. Bajo amenaza de azotes, fueron obligadas a caminar hasta Guanajuato e Irapuato, donde permanecieron recluidas en las llamadas “casas de recogidas”, espacios que funcionaban como cárceles.
La medida buscaba debilitar el respaldo que recibían los insurgentes. Sin embargo, la respuesta fue distinta: los rebeldes intensificaron sus ataques contra haciendas y poblaciones bajo control realista, mientras Iturbide llegó a amenazar con quitar la vida a las mujeres tomadas como rehenes.
Aunque las ejecuciones no se concretaron, las mujeres padecieron maltratos y condiciones de reclusión extremas. Francisca Uribe y María Briviesca, entre otras, enviaron cartas al virrey para denunciar su situación y exigir que fueran sometidas a un proceso judicial.
En sus escritos describieron las condiciones de abandono en las que se encontraban y reclamaron su derecho a ser escuchadas formalmente. Sin embargo, a las mujeres de Pénjamo no se les inició un proceso judicial. Algunas fueron liberadas poco después, mientras que otras permanecieron recluidas hasta mediados de 1817.
Su participación en la lucha también se manifestó de otras maneras. Las mujeres apoyaron a las fuerzas insurgentes con dinero, alimentos y ropa, además de desempeñarse como correos, informantes y guías, asumiendo riesgos para contribuir al movimiento independentista.
El episodio ocurrido en 1814 forma parte de la memoria de Pénjamo y permite reconocer el papel que tuvieron las mujeres durante los años de lucha que culminaron con la consumación de la Independencia en 1821. Su historia representa una muestra de la participación femenina en uno de los procesos fundamentales de la historia de México.












