La Explanada de la Alhóndiga de Granaditas se transformó en un gran coro para celebrar el centenario del nacimiento de José Alfredo Jiménez. Entre aplausos, voces y manos en alto, el tenor Arturo Chacón Cruz y el Mariachi Gama 1000 interpretaron algunas de las canciones más emblemáticas del compositor guanajuatense, durante el concierto 100 años de José Alfredo, presentado en el 54 Festival Internacional Cervantino (FIC).
Organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, en coordinación con el Gobierno del Estado de Guanajuato, el espectáculo reunió al público en torno a un repertorio que forma parte de la memoria musical del país. Temas como La enorme distancia, Caminos de Guanajuato y Si nos dejan resonaron en la explanada, acompañados por un público que se sumó a cada interpretación.
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Chacón Cruz destacó la capacidad de la música de José Alfredo para unir a las personas, sin importar de dónde provengan. El tenor recordó que ha interpretado sus canciones en escenarios internacionales, entre ellos Londres, donde cantó El rey, y Miami, donde, relató, personas de distintas nacionalidades se unieron a su voz durante La media vuelta.

Uno de los momentos más emotivos llegó con Paloma querida. Antes de interpretarla, el tenor presentó entre los asistentes a Paloma Jiménez, hija del compositor y destinataria de la canción. Chacón Cruz compartió cómo su percepción de la pieza cambió con el tiempo: de entenderla como una expresión romántica, pasó a reconocerla como una canción de un padre dedicada a su hija.
La velada continuó con clásicos como Ella, Serenata huasteca, Amanecí en tus brazos, Un mundo raro, El jinete, Pa’ todo el año, Que te vaya bonito y La que se fue. El Mariachi Gama 1000, fundado y dirigido por Jesús “Chucho” Gama Pérez, acompañó las interpretaciones con la fuerza y el sonido característicos de la música mexicana.
La despedida se prolongó ante la insistencia del público. “Pues sí, nos echamos otra. Bueno, mi Guanajuato querido, ahora sí los voy a poner a cantar”, expresó Chacón Cruz antes de continuar con el repertorio.
De pie, entre silbidos, voces y teléfonos iluminados, los asistentes cantaron las últimas piezas de la noche, incluida La vida no vale nada, una de las canciones más vinculadas con Guanajuato y con el legado de José Alfredo Jiménez.
Así, en el escenario de la Alhóndiga, el centenario del compositor se convirtió en una celebración compartida: sus canciones volvieron a escucharse en Guanajuato, acompañadas por un tenor, un mariachi y una multitud que las hizo suyas.












