El Templo de Santiago Apóstol: una joya histórica que resiste al tiempo en Marfil

A unos minutos del centro de la ciudad de Guanajuato se encuentra Marfil, un antiguo asentamiento minero que resguarda uno de los tesoros arquitectónicos más importantes de la región: el Templo de San José y Señor Santiago Apóstol, una joya del barroco guanajuatense cuya historia se remonta al siglo XVII.

La construcción del templo comenzó en 1641 por instrucciones de fray Marcos Ramírez del Prado, obispo de Michoacán, jurisdicción a la que pertenecía Marfil en aquella época. La edificación concluyó en mayo de 1695, convirtiéndose en uno de los inmuebles religiosos más antiguos de Guanajuato y en un testimonio de los primeros tiempos del antiguo pueblo minero.

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Marfil surgió a orillas del río Guanajuato, donde se establecieron haciendas dedicadas al beneficio de los minerales. Sin embargo, a finales del siglo XIX y principios del XX, el poblado enfrentó una profunda transformación debido a los avances tecnológicos en el procesamiento minero, la llegada del ferrocarril a Guanajuato y las fuertes inundaciones de 1902 y 1905.

Estos acontecimientos modificaron la vida de la comunidad y provocaron el traslado de la sede parroquial hacia una zona más elevada. Con el descenso de la población, Marfil llegó a ser considerado una especie de “ciudad fantasma” y el antiguo templo perdió parte de su protagonismo comunitario.

A pesar del abandono y el deterioro provocado por el paso del tiempo, los fenómenos naturales y algunos actos vandálicos, el templo conserva un extraordinario valor arquitectónico. Su planta de cruz latina, sus capillas adosadas, la portada atrial y, especialmente, sus singulares arcos botareles laterales, son elementos que permiten conocer las técnicas constructivas y las tendencias estilísticas de la época.

Uno de los capítulos más importantes de su historia reciente ha sido el proceso de restauración y recuperación impulsado con la participación de habitantes de Marfil y comunidades cercanas. Niños, jóvenes, mujeres, hombres y adultos mayores se involucraron en la recuperación del inmueble y en la reconstrucción de una memoria histórica que durante años permaneció debilitada.

Los trabajos permitieron descubrir trazos originales del atrio, vestigios del basamento de la fuente que presidía la antigua plaza y los límites originales del predio. También se realizaron labores de limpieza, consolidación de grietas en muros y bóvedas y trabajos especializados de reestructuración en la torre principal, que presentaba riesgo de desplome.

La recuperación también permitió devolver protagonismo a elementos arquitectónicos como los arcos botareles y la portada atrial, restaurada con la participación de artesanos de la propia comunidad. La portada lateral fue reconstruida como una copia fiel de la original, mientras que diversas imágenes y elementos del conjunto fueron reincorporados a su entorno.

Parte de las portadas originales fueron trasladadas durante el siglo XX a instalaciones de la Universidad de Guanajuato con fines de conservación. La portada principal que actualmente luce el templo es una réplica colocada en la década de 1950.

Hoy, el Templo de San José y Señor Santiago vuelve a ser un espacio fundamental para Marfil. Además de conservar su función religiosa, es escenario de actividades culturales, sociales y artísticas, e incluso ha formado parte de la programación de actividades vinculadas con el Festival Internacional Cervantino.

Cada año, alrededor del 24 y 25 de julio, la comunidad cobra vida con las fiestas en honor a Santiago Apóstol, que reúnen misas, música, gastronomía, verbenas populares y la tradicional “suerte de argollas” a caballo.

Visitar Marfil representa así una oportunidad para descubrir una faceta distinta de Guanajuato: un territorio donde la historia minera, la arquitectura barroca y la participación comunitaria se encuentran para mantener vivo un patrimonio que pertenece tanto a sus habitantes como a la memoria cultural de México.

19 de agosto de 2026