Cada 10 de septiembre, las calles del tradicional Barrio Arriba de León, Guanajuato, se transforman para celebrar una de las festividades más antiguas y entrañables de la ciudad: la Fiesta de San Nicolás de Tolentino, conocida popularmente como la Fiesta de los Panecitos.
La celebración, que se remonta al siglo XIX, reúne elementos de fe, gastronomía y cultura popular en una jornada que comienza desde las primeras horas del día. A las 6 de la mañana se entonan las mañanitas en la Parroquia del Señor de la Salud, dando paso a una serie de actividades que se prolongan hasta cerca de la medianoche.
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El centro de esta tradición es la elaboración, compra y bendición de pequeños panes, entre ellos conchas, cuernitos, donas, orejitas y otras piezas que son colocadas en pequeñas canastas de mimbre para después llevarlas al templo.
La costumbre está vinculada con la historia de San Nicolás Tolentino, fraile agustino italiano a quien, de acuerdo con la tradición religiosa, la Virgen María se le apareció en una visión cuando se encontraba gravemente enfermo y le indicó que comiera pan mojado en agua. Tras su recuperación, el santo habría comenzado a preparar y bendecir panes para compartirlos con personas enfermas.
Con el paso de las generaciones, esta creencia se convirtió en una de las expresiones de religiosidad popular más representativas de León. Los panecitos benditos son llevados a los hogares y compartidos con familiares, amigos y personas enfermas como un gesto de esperanza y solidaridad.
Durante la festividad, las calles de Aquiles Serdán, Moctezuma y el Callejón de las Mercedes concentran parte de la actividad, con familias y panaderías que mantienen viva la tradición. Aunque originalmente se elaboraban principalmente pan floreado y pan de agua, actualmente la variedad incluye orejitas, cuernos, conchas, pastelitos, barquillos, sevillanas, campechanas, rebanadas, galletas, besos, donas, moñas, roscas, elotes, empanadas, chorreadas y otras especialidades.
Por un día, el Barrio Arriba se convierte en un auténtico encuentro con la cultura panadera de León, donde los aromas del horno se mezclan con la devoción de quienes acuden a recibir la bendición de los tradicionales panecitos.
La celebración también ofrece antojitos mexicanos, juegos mecánicos y música popular en vivo. Al finalizar la jornada, los juegos pirotécnicos y la quema de un castillo ponen el broche de oro a una festividad que conserva una tradición cada vez menos frecuente.
Además de preservar la devoción a San Nicolás Tolentino, la Fiesta de los Panecitos mantiene vigentes otros saberes y oficios locales, como la elaboración de canastas de palma y la creación de los tradicionales castillos.
Así, cada 10 de septiembre, el Barrio Arriba se convierte en un punto de encuentro donde la fe, el sabor y la memoria colectiva se entrelazan para mantener viva una de las tradiciones más dulces y representativas de León.












