Cactáceas gigantes únicas en el mundo, la presencia viva de pueblos originarios como la cultura otomí y paisajes que parecen salidos de un sueño conforman algunos de los mayores tesoros de Guanajuato. Esta diversidad se articula hoy a través de Encantos de Guanajuato, un programa impulsado por la Secretaría de Turismo e Identidad (SECTURI) del Gobierno de la Gente, que reconoce y fortalece a localidades con una clara vocación turística por su valor natural, histórico, cultural o gastronómico.
El programa tiene como objetivo consolidar destinos con experiencias auténticas, alejadas del turismo masivo, mediante capacitación, promoción, certificación, incentivos a la inversión y desarrollo de infraestructura. La apuesta es clara: generar beneficios directos para las comunidades, preservar su identidad y diversificar la oferta turística del estado.
Lee también: Guanajuato diseña el futuro del turismo con una estrategia incluyente y sostenible
Cada una de las localidades integradas ofrece razones distintas para descubrir Guanajuato desde una perspectiva más cercana y humana. Tierra Blanca, en plena Sierra Gorda, es un santuario natural y cultural otomí, reconocido por su biodiversidad y por su Centro Holístico, que impulsa el turismo de bienestar y el contacto profundo con la naturaleza.
En el corazón de la Sierra Gorda, Atarjea se posiciona como un paraíso para el ecoturismo y la aventura, con paisajes de gran diversidad natural y vestigios prehispánicos que narran la historia ancestral de la región. Por su parte, Nuevo Valle de Moreno, en León, resguarda la memoria histórica de la Sierra de Lobos, con patrimonio arquitectónico y un legado ligado al antiguo Camino Real hacia las minas de Guanajuato.
Las raíces ancestrales del estado se hacen presentes en Nuevo Chupícuaro, en Acámbaro, donde la herencia prehispánica se expresa en la cerámica, la gastronomía y las tradiciones que siguen vivas en la comunidad. En Cañada de Caracheo, en Cortazar, la naturaleza y la tradición se encuentran al pie del Cerro del Culiacán, entre ojos de agua, calles históricas y sitios religiosos de constante visita.
Puruagua, en Jerécuaro, es ejemplo de vida rural, trabajo comunitario y artesanía, un destino agrícola reconocido por sus obrajeros tradicionales y la hospitalidad de su gente. Mientras tanto, San Miguel Ixtla, en Apaseo el Grande, destaca como un sitio de fe y patrimonio, donde las Capillas de Indios resguardan la memoria histórica y religiosa de la región.
Con Encantos de Guanajuato, el estado amplía su mapa turístico con destinos que reflejan identidad, comunidad y tradición. Son lugares para recorrer sin prisa, escuchar historias, convivir con sus habitantes y comprender que el verdadero encanto de Guanajuato está en su gente, su territorio y su herencia cultural viva.













